Sobre el desollamiento de Julio César Mondragón debida a la “fauna del lugar”

Por M. en C. Quetzalli Hernández

La manera en que los animales carnívoros intervienen en el proceso de desarticulación y consumo de los productos contenidos en las carcasas o restos mortales de otros animales, condiciona diferentes procesos biológicos en los que interviene la disponibilidad de nutrientes dejados para consumo secundario, la dispersión de los restos y las características de su traslado posterior o acumulación. De ahí que el conocimiento etológico (estudio del comportamiento animal) de los depredadores  actuales resulte de gran relevancia para disponer de un marco referencial definido con el cual sustentar explicaciones a cualquier tipo de análisis en el que se requiera determinar si un tipo específico de animal se halló involucrado con el consumo de algún resto mortal.

Dicho lo anterior, cualquier atribución que se realice sobre un agente biológico en la configuración de restos mortales debe partir de un conocimiento del comportamiento actual de la fauna carnívora y/o carroñera, y de las razones adaptativas de la misma, y no de asunciones carentes de base o de explicaciones ad hoc que surjan debido a una falta de formación etológica sin un referente actual válido.

Cabe resaltar que no todos los animales que se alimentan de forma omnívora o carnívora comen restos de animales muertos. Los animales que sí lo hacen, realizan dicha estrategia oportunista de alimentación conocida como “carroñeo”.  Los animales carroñeros acceden a restos mortales de modo secundario y suelen consumirlos de manera rápida en el lugar donde los obtienen (Curio, 1976). A este respecto son capaces de comer con gran voracidad utilizando la estrategia de la maximización individual de la ingesta de nutrientes o hasta el consumo total de un cadáver de talla pequeña (DeVault et al. 2003). Lo anterior resulta en el rápido consumo de la carne, lo que elimina la probabilidad de que cualquier animal haya arrancado un rostro con tanta precisión.

Sin embargo, con el objeto de deslindar de la responsabilidad a la fauna silvestre se enlistan a los depredadores felinos no carroñeros que presentan dientes caninos registrados para el estado de Guerrero (pero no necesariamente presentes en el área de Iguala): ocelote (Leopardus pardalis), tigrillo (Leopardus wiedii; considerada en peligro de extinción por la IUCN (2010)), gato montés (Lynx rufus), puma (Puma concolor) y jaguar (Panthera onca), debiendo considerarse que todos menos el tigrillo se incluyen en la IUCN (lista roja de especies amenazadas) como especies que disminuyen cada año su número poblacional y que son animales que evitan cualquier sitio donde se detecte actividad humana, por tal razón no se les encuentra cerca de poblaciones o ciudades (Aranda, 2012; http://www.iucnredlist.org/).

Dentro de los animales que sí utilizan el carroñeo de manera ocasional o frecuente y se encuentran registrados en el estado de Guerrero y que debido al conocimiento etológico que se tiene de ellos, se descartan como los causantes del desollamiento, se mencionan a: las aves carroñeras, éstas no sólo no presentan dientes caninos, si no que presentan una actividad completamente diurna (que tiene relación con la parte del día en que hay luz), teniendo su máxima actividad durante el mediodía. Dentro de la familia Didelphidae se encuentran los tlacuaches (Didelphis sp.) quienes tampoco presentan dientes caninos. Dentro de la familia Mustelidae encontramos al hurón (Mustela frenata), quien aunque presenta dientes caninos no es común que siga los caminos y veredas del hombre. Dentro de la familia Procyonidae se encuentra el mapache (Procyon lotor), quien desgarra y arranca pedazos de carne con sus manos, sin realizar cortes precisos; y el coatí o tejón (Nasua narica) quien es un animal social de hábitos completamente diurnos y no realiza actividades durante la noche. Dentro de la familia Canidae se encuentran: el coyote (Canis latrans), la zorra gris (Urocyon cinereoargenteus) y el perro doméstico (Canis familiaris) (Butler & du Toit, 2002; Aranda, 2012).

Los perros domésticos son quizá el carnívoro más numeroso en la actualidad. De acuerdo a Butler y du Toit (2002), investigadores que realizaron un estudio acerca de la dieta y comportamiento carroñero de perros domésticos que deambulan libres, mencionan que los perros son principalmente carroñeros de desperdicios humanos (como materia fecal y maíz) y de desperdicios de vacas, borregos y cabras; como es el caso de la mayoría de las poblaciones de perros ferales que deambulan libremente en Italia, Norteamérica, Bengala, el sureste de Asia y Alaska. No obstante, se debe considerar que la forma de alimentación de los cánidos (incluyendo el coyote, la zorra y el perro), al alimentarse de carne, necesitan sujetar con su hocico, detener con alguna de sus patas anteriores y jalar, lo que provoca el desgarre de los tejidos e imposibilita los cortes precisos de piel y músculo, sin mencionar los rastros de huellas que un animal al alimentarse de tal manera deja sobre y alrededor del área donde se encuentran los restos.

Finalmente, considerando otra fauna introducida de manera antropogénica (además del perro doméstico) se toman en cuenta a los gatos (Felis silvestris catus) y a las ratas (Rattus sp.), de los cuales, solo los primeros presentan dientes caninos, por lo que se descartan de inmediato a las segundas. Los gatos también carecen de la posibilidad de realizar cortes precisos, y aunque claramente pueden morder pedazos de piel, cartílago y hueso, han de dejar marcas en el hueso o evidencia de huesos triturados, así como pelos, rastros de saliva y de huellas sobre los restos mortales, por lo que un análisis profesional debería incluir un estudio de la intervención secundaria de determinados agentes biológicos, considerando que ningún animal silvestre o introducido antropogénicamente es capaz de realizar cortes precisos de piel y de acuerdo a la literatura ninguno de ellos elige la cabeza de otros animales como primera estrategia dentro la maximización individual de la ingesta de nutrientes.
Citas:

Aranda SJM (2012) Manual para el rastreo de mamíferos silvestres de México. Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (Conabio). México.

Butler JRA and du Toit JT (2002) Diet of free-ranging domestic dogs (Canis familiaris) in rural Zimbabwe: implications for wild scavengers on the periphery of wildlife reserves. Animal Conservation, 5, 29-37.

Curio E (1976) The ethology of predation. Zoophysiology and Ecology, 7, 252pp.

DeVault TL, Shivik JA and Rhodes Jr. OE (2003) Scavenging by vertebrates: behavioral, ecological, and evolutionary perspectives on an important energy transfer pathway in terrestrial ecosystems. OIKOS, 102: 225-234.
http://www.iucnredlist.org/

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