Cruz

El 27 de octubre del 2014, a un mes de que hubieran encontrado su cuerpo en el camino del andariego. Sus compañeros normalistas volvieron a Iguala. Volvieron con amor y con una ofrenda floral. Llegaron en un camión alrededor de unos cien normalistas que habían conocido al Chilango. Marcharon por las calles de Iguala, donde fue la última vez que lo vieron andar. Llegaron hasta el Camino del andariego. Fueron ellos los primeros en dejar allí la cruz de madera, donde se leía su nombre. Y en el poste de luz pusieron su nombre con aerosol rojo. Enfrente de la cruz están los normalistas y hay algunos medios locales de comunicación que filman la escena. Entre lágrimas gritan: “Julio vive” “César vive”. El encargado de dar el discurso es David, el secretario general del comité, quien también era su amigo. Sollozando habla un poco de él, de que tenía una bebé, de que solo quería estudiar, de que sólo quieren justicia para él.

Enfrente la cruz ponen una corona de flores blancas y al lado han clavado en la tierra 43 velas, hechas de ceras, para recordar que la desaparición de los compañeros está ligada a la muerte de Julio. Luego David escribe en la primera hoja de una libreta nueva:

Ayotzinapa vive, vive, vive…

Querido amigo siempre estarás en nuestro corazón, no importa cuánto tiempo pase siempre serás nuestro amigo…

A nuestros muertos no los enterramos, los sembramos para que florezca la libertad”.

Colocan la libreta como sobre las flores blancas, para dejar claro que el único pecado de Julio era ser estudiante, al lado de la libreta dejan su playera, blanca con bordes azules, con el escudo de la Normal de Ayotzinapa en el lado izquierdo.

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