De las palabras de Julio

 

Lo conozco desde hace seis o siete años, en el COBAEM, él iba en tercero y yo en primero. Al principio, nomás se me quedaba viendo, y en el receso se me acercó un día y me saludó. Luego nos juntábamos a comer en el recreo. Después de que él salió iba a visitar a su mamá, le llevaba de comer. A veces me esperaba y me acompañaba a mi casa: mientras caminábamos me contaba cosas de la vida, me decía que le gustaría ser alguien en la vida, que le iba echar muchas ganas. Era una gran persona.

Me decía: “Prométeme que le vas a echar ganas”. Y pues yo le dije que sí. Me platicaba de su escuela. Era un niño muy inteligente. Me platicaba de Lenin, del marxismo. Me protegía mucho. Nunca me faltó al respeto. Me cuidaba, iba a visitarme a mi casa. Una vez fue a la escuela y me dijo que ya lo habían expulsado de la escuela de Tenería. Era muy detallista, una vez nos llevó una rosa, a mí y a mis amigas, o me daba una paleta o un chocolate. También me dijo que le gustaba mi sonrisa y que nunca dejara de sonreír. Era mi mejor amigo.

La última vez que lo vi fue en la feria de Tecomatlán y me dijo “hola, flaca”. Nos llevó a cenar a mí y a mis amigas. Luego me acompañó a mi casa en bici. Me decía que nunca dejara a medias mis sueños. Yo le decía que quería ser maestra o enfermera. Le conté que quería entrar a una Normal pero él me dijo que no, porque el curso propedéutico es muy pesado. Y pues, me acaban de entregar mi título de enfermera, yo creo que él se hubiera puesto feliz de saberlo, porque le gustaba que las demás personas fueran mejores. Una vez me dijo: “Que no se apague la luz de tu interior”.

Los comentarios están cerrados.