Habla el amor (2)

Yo le hablaba con palabras tiernas, le decía bebé, niño, flaco, amorcito. Cuando él me contaba de sus cosas tristes yo sólo quería darle mi amor de esposa, de compañera. Reconocí su cuerpo por sus cicatrices. Yo solo quería estar con él para apoyarlo. Siempre tenía la mente fija en que quería superarse. Él me decía que gracias a mí cambió muchas cosas de su persona: su manera de pensar, su manera de hablar, su manera de vestir, porque antes nomás usaba una ropa para toda la semana.

Para venir a verme, como entonces no tenía trabajo, se le ocurrió junto con su amigo el Peluchín, ir al cerro, ya como a eso de las nueve o diez de la noche para cortar leña porque allá en su pueblo todavía consumen mucha. Y me mandaba las fotos del diablito llenecito de leña y me decía que eso era parte de su trabajo. Así ya pagaba el boleto y el detalle que, según él, debía de traerme. Siempre que venía me traía que el osito de peluche, que el ramo de flores, que una carta, por muy simple, siempre encontraba algo que regalarme. Una vez no tenía más que para el pasaje, y él quería darme algo, porque no le gustaba llegar con las manos vacías. Y me dijo que se le ocurrió entonces hacer un cisne de papel, y pues sí, me lo trajo y lo tengo muy bien guardado.

Y de que era muy celoso, era muy celoso; luego me decía que iba a ir a mi trabajo, porque allí había muchos compañeros maestros y yo le decía, tranquilo no te preocupes, son amigos y él me decía, no pues sí, pero no me gusta ni que les hables, ni que les mandes mensaje. Y pues yo decía, no pues sí tiene razón. Y pues perdí algunas amistades por eso mismo. Pero cuando se trataba de amarnos, de darnos cariño él era muy especial. Cuando venía a la ciudad nos quedábamos en mi casa o luego salíamos que a conocer el centro, que al cine. Porque cuando él empezó a venir, yo también era nueva en la ciudad. Y pues así conocíamos los dos.

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