Habla el que le puso nombre

 

Era un niño muy alegre, muy sonriente. Yo digo que tuvo una infancia muy feliz. Nomás que por ahí del cuarto año tuvo algunos problemillas en la escuela, le costaba aprender, había pasado de panzazo. Entonces yo era maestro unitario en una escuela de la colonia Adolfo López Mateos, en Ixtapan de la Sal. Lo que pasa es que hay escuelas donde hay un solo maestro para todos los grados, así era la escuela donde trabajaba. Allí era profesor y director al mismo tiempo, porque ya desde entonces daba clases. Yo era normalista. Me lo llevé a vivir conmigo y allí en la escuela le enseñaba junto con los otros niños, también jugábamos al fútbol. Yo no me di cuenta, pero ahora creo que por eso Julio estaba tan obsesionado con el normalismo, aunque le decíamos que estudiara o que hiciera otra cosa se aferró a estudiar en una normal. Era muy terco. Yo creo es de familia, ¿no? Luego de ese año se compuso, entonces regresó a la casa con su mamá y su hermano. Por esa misma época les enseñé a jugar frontón, a él y a su hermano. Hay canchas aquí en Teco, en Tenango, pero yo me los llevaba a la deportiva de Toluca o a Ixtapan. Venía por ellos los fines de semana y nos la pasábamos jugando. Aprendieron bien rápido y ya después nos ganaban. Ya tiene mucho que no jugaba con ellos. Pero Julio se me acercaba mucho, si necesitaba algo me llamaba y ya veíamos cómo hacerle. Yo fui a recoger su cuerpo. A Chilpancingo.

Los comentarios están cerrados.