La alegría de Julio

Cuando lo conocí tenía como 18 y yo 16. Era muy alegre, le gustaba la música, le gustaba dar consejos; aunque estuviera triste te sonreía. Le gustaba contagiar su alegría. Quería sacar una carrera, que su familia estuviera muy orgullosa de él, quería apoyar a su mamá. Tenía un corazoncito de pollo. No le gustaba ver a alguien enfermo o en silla de ruedas. Si te veía triste se ponía triste. Y sabía escoger a sus amigos, era muy sociable y protector. Le hablaba más a las chavas. Con los chavos no se llevaba bien con ellos, porque eran muy desastrosos. Era medio cotizado, le daba pena pero sí bailaba. No tenía novia cuando lo conocí en el COBAEM.

A veces se quedaba enojado, pero no te decía sus razones. Se llevaba la mano a la barbilla y decía: “Es que como te digo, como te digo”. Tenía una relación muy bonita con su familia. Porque se llevaba muy bien con su mamá y con su hermano. Llegaba y le daba besos a su mamá. Se preocupaba por las demás personas. Sabía escuchar, era muy paciente, y te daba sus consejos o su punto de vista. Siempre andaba cargando una libreta, cuando estaba en la normal.

Era muy reservado. Le gustaba el hip hop. Era como muy poeta. Te decía frases que quién sabe de dónde sacaba. Siempre andaba cantando canciones. Escribía y cantaba. Él como que soñaba mucho y te despertaba del ánimo. Me decía que teníamos que ser como las águilas. Se ponía mucho a investigar. No le gustaba quedarse estancado. Le gustaba conocer, explorar más allá de la vida.

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