Las palabras

Nomás de escucharlo te emocionabas. Luego, luego te dabas cuenta de que era diferente. Junto con David eran a los que más seguían. Él no necesitaba nombramiento, para que lo siguieran. Al otro día, antes de que identificaran su cuerpo; sus compañeros pensaban que estaba también desaparecido y estaban muy sacados de onda por eso, porque lo querían mucho. Julio tenía liderazgo, tenía carácter fuerte, don de convencimiento. Ahí supe que le decían Chilango. Lo conocían más a él que al del comité.

Cuando no hablaba en las reuniones, era muy relajiento, muy alegre. Pero cuando hablaba, me acuerdo que te daban ganas de seguir luchando. Se apasionaba con la lucha. Muchas veces los líderes nos acobardamos a la hora de tomar decisiones, pero cuando él hablaba, te prendía, te contagiaba esa pasión. Uno decía, de ver ese espíritu de lucha, cómo me voy a rajar, si estaba viendo a ese muchacho que se estaba esforzando por las luchas. Hablaba de unidad, de lealtad, de que los líderes no se vendieran. Tenía una voz imponente, pero no era agresivo, tenía un tono que no era gritón, sino que el tono iba con sentimiento. Sabía liderear a sus compañeros. Y pues eso es lo más importante, porque los jóvenes como que nos inyectan esa juventud a los viejos.

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